Y luego de un par de semanas Sabbáticas (escuchando los 3 primeros discos de la época con Ozzy) de sentimientos e intestinos encontrados, heme aquí. Sin nada que decir, nada que hacer, nada que contar. Al menos, nada interesante.
Son solamente las quejas de siempre: la gente desconsiderada, la religión como algo nocivo, la idea del cambio social, la flojera y mi coqueteo con la demencia. Ah, esa última es nueva.
Durante una infección por la que viví agobiado durante días, tuve noches en las que no podía dormir por la fiebre, el hambre, el efecto de las pastillas y el sonido de mis intestinos (solo me faltaba estar a orillas del río Ganges). Claro, hay gente que constantemente sufre muchas cosas más fuertes, si me dejan los links a sus blogs, los pondré acá.
Volviendo a lo que me importa (o sea, yo), durante las noches de insomnio comencé a coquetear con la demencia. Ya sé que dirán “oh, que exagerado eres” pero hay una explicación racional (de esas que me encantan) y es: luego de estar sin comer durante días, y haber expulsado grandes cantidades de líquido (entre otras cosas), el cuerpo pierde agua y vitaminas. Y ocurre que nuestra estabilidad emocional depende de nuestro balance químico.
La deficiencia de tal o cual vitamina, puede hacernos sentir deprimidos, molestos, oír voces, herir a alguien o peor aun, creer en Dios. Y bueno, durante mi deficiencia vitamínica, me vi envuelto en un impulso imparable de recordar como era mi habitación en el 2005. Cada mueble, cada cosa, todo. Lamentablemente, lo logré.
Y fue lamentable, porque una de las consecuencias de haber logrado recordar a la exactitud algo tan tonto, hizo que recordara otras cosas algo más dolorosas. Y desde ese primer momento, nada pudo parar el impulso. Es divertido ver como las cosas se desmoronan, recapitulando los errores cometidos y echándole sal a las heridas. Claro.
Y luego de preguntarme “¿en qué fallé?”, vino la temida pregunta: “¿en qué cambié?”.¿Qué dejé de hacer?, ¿por qué?, ¿quién soy?, ¿qué soy?, vamos, que nada parece responder eso. El sol está por salir, tengo unas ojeras que llegan a mi boca y no se me ocurre nada. Hasta que el sueño llega a mi, 6 horas después. Y en verdad espero que haya sido la falta de vitaminas, porque si ese vistazo a mi interior fue sin desventaja, creo que volveré a considerar ciertas cosas que no he pensado desde hace mucho.
Se siente tan bien volver a casa.

